ARTÍCULOS

 
PIEDRAS CON MENSAJES CRÍPTICOS

   Fuente: La Opinión de Zamora / Mª Jesús Fernández   

   

   "LOS TEMPLOS DE LA CIUDAD OCULTAN HISTORIAS DE ÉPOCAS PASADAS"

ZAMORAROMANICA.COM / NOVIEMBRE de 2003

 
 

Las piedras de los templos zamoranos susurran historias de otros tiempos. Si se las escucha detenidamente se pueden desentrañar los relatos y leyendas que han perdurado durante siglos.

La majestuosa y centenaria Catedral de Zamora contiene curiosos secretos de su larga vida. Su portada trasera cuenta la desdicha de los que intentan atentar contra sus tesoros. Según la leyenda popular, un ladrón trató de llevarse las riquezas del gran templo y como castigo providencial quedó atrapado en la ventana por la que intentó huir convirtiéndose en piedra. Pero también existe otra versión que dice que se trata del apóstol Pedro, que tras las tres famosas negaciones de su maestro antes del canto del gallo, situado bajo la cabeza de piedra, pasó a formar parte del muro de la Catedral. Y por último, hay quien apunta también que podría tratarse del conquistar árabe Ben Alcama condenado por alguna de sus numerosas correrías, subraya el profesor Herminio Ramos.

En la misma fachada, pero un poco más arriba, se encuentra una imagen de la Virgen acompañada de dos ángeles guardianes que sería la dedicación del monje Bernardo, constructor del edificio, a su orden cisterciense.

El interior del edificio tampoco tiene pérdida. Entre los intencionados detalles labrados de las sillas del coro, se encuentran figuras de frailes y monjas en actitudes eróticas. La primera explicación de estos grabados los atribuye a la antipatía existente entre el clero regular y el secular que hace que los protagonistas de las imágenes sean los pertenecientes a la "clase baja" eclesiástica. En una de ellas un fraile se encuentra montando a un cerdo mientras una monja lo alumbra con una antorcha. Otra versión sería la de ilustrar las debilidades humanas, lo que haría que las representaciones tuvieran su origen en los pecados capitales. Así, la gula viene representada por un fraile al borde de una gran cazuela de comida y rodeado de puercos. Y también se dice que lo que se ilustra en las 87 sillas que componen el coro es la totalidad de las grandes colecciones de cuentos moralizantes.

Pero las simbologías no se limitan a la Catedral sino que se extienden por muchos rincones de Zamora. El arco de doña Urraca tiene perfilado, en su parte superior, la silueta de la reina zamorana y una inscripción haciendo referencia al famoso don Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como El Cid.

Por su parte, las aceñas de Olivares tenían una referencia indispensable para los habitantes de las zonas bajas. Cuando el nivel del agua alcanzaba al escudo con un vellón de cordero (piel del animal), situado en las piedras, los ciudadanos sabían que existía peligro por las crecidas del río Duero. Sin embargo, muchas de estas tradiciones han ido desapareciendo con el desgaste del paso del tiempo que hace cada vez más difícil su pervivencia.

Si hay algo que abunde en Zamora son las iglesias. Éstas, se encuentran desperdigadas por toda la ciudad y también cuentan con curiosos relatos. Por ejemplo, según la leyenda, la Virgen del Tránsito fue esculpida por ángeles. Estas criaturas celestiales, fieles veladores de los mortales que acuden en su ayuda cuando les necesitan, respondieron al a llamada de las primeras residentes del convento del Tránsito: las Descalzas de Gandía. Estas monjas aceptaron la oferta de unos viajeros que se prestaron a esculpirles la imagen de la Virgen con el único requisito de que nadie les molestara hasta que no hubieran acabado su trabajo. Pero la curiosidad de sor Ana, una de las religiosas, hizo que ésta les interrumpiera. La consecuencia de no respetar las indicaciones de los viajeros fue que la figura de la Virgen quedara sin acabar faltándole dos dedos de un pie.

Otra de las leyendas zamoranas versa sobre la vida de San Atilano. Según cuenta la historia, este hombre llegó a convertirse, por su gran dedicación, en obispo de la ciudad y preocupado por las penurias de sus feligreses decide partir a peregrinar a Tierra Santa. Pero en su ruta de salida pasa por el Puente de Piedra y se da cuenta de que aún lleva puesto el anillo de obispo y lo lanza a las aguas del río Duero. A su vuelta, hace una parada en una posada del camino y se encuentra con la sorpresa de hallar el anillo en el pescado, concretamente un barbo, que estaba a punto de engullir. Esa era la prueba divina de que la mala racha de la ciudad había llegado a su fin.

Una de las historias más conocidas es la de la serpiente de la Ermita del Carmen. El reptil era la mascota de un pastor que se encargó de cuidarla desde pequeña. El animal acudía al silbido del joven y comía de su mano. Pero el chico tuvo que abandonar la ciudad por un tiempo y la serpiente creció alcanzando una gran longitud. Cuando el pastor regresó, se encontró con que la gente estaba aterrada porque su mascota se había estado dedicando a comer carne humana. Por lo que al joven no le quedó más remedio que silvar a su serpiente y acabar con su vida.

El repertorio de leyendas es interminable y su transmisión, de boca en boca, provoca que muchas vayan cayendo en el olvido.

   
 
 
 
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