Esta
iglesia posee la categoría de arciprestal y es, después
de la catedral, posiblemente el templo más importante.
Fue levantada sobre una iglesia visigoda.
En su interior , en el presbiterio, se guardan los restos del famoso
santo toledano San Ildefonso que fueron traídos por los mozárabes
toledanos que repoblaron la ciudad en época de Alfonso III el
Magno.
San Atilano, obispo de Zamora del 900 al 919, también se encuentra
enterrado aquí.
Desde antiguo se han reclamado los restos de San Ildefonso por los toledanos,
habiéndose negado Zamora a entregarlos. Las sucesivas negativas
culminaron con la creación de la Congregación de
Caballeros Cubicularios encargados de custodiar las reliquias.
La iglesia ha sufrido numerosas reformas y ha sido agrandada a lo largo
de los siglos.
Se construyó a finales del XII y principios del siglo XIII. De
esta época se conserva la capilla mayor con ábside semicircular,
un magnífico rosetón y el muro sur, dividido en tramos
por contrafuertes y reforzado con grandes arbotantes.
Las reformas se iniciaron en el siglo XV, destacándose las del
XVIII por Joaquín de Churriguera.
En la parte norte, tras la fachada neoclásica, se ha descubierto
la entrada románica primitiva.
En la fachada oeste pueden verse los escudos de armas de la ciudad:
el brazo de Viriato con la bandera de la ciudad y el puente de Mérida
sobre el Guadiana que los zamoranos tomaron a los musulmanes.