Iniciada
en el S. XII, combina elementos del románico y de la conclusión
del gótico.
Perteneció a los Caballeros de la Orden de San Juan.
Se conserva sin reformas, presenta una sola nave y una torre.
Lo más importante de su exterior es la portada sur.
La fachada norte está oculta por haberle sido adosados edificios
conventuales, que fueron reformados en el Renacimiento. Tras la Desamortización
fueron aprovechados como fábrica de luz y de alcoholes. Hoy en
día se encuentran cerrados.
El interior resulta sobrio pero equilibrado. La nave se divide en tres
tramos cubiertos con bóveda de crucería simple. Son de
destacar la mesa de altar románica y el Cristo de La Expiración.